Hace unos días leí en TauZero, una noticia curiosa que aparentemente se le ocurrió a Richard Dawkins, algo así como el portavoz de la Teoría de la Evolución y enemigo acérrimo de las religiones. Aproveché de curiosear cosas de este tipo y me topé con la reseña de su libro “El espejismo de Dios“, cargado de críticas, alabanzas y otras yerbas ante todos sus argumentos para dejar en claro que Dios es un cuento peligroso que prácticamente atenta contra la integridad de los avances científicos.
Después de leer un par de párrafos sobre la trama del libro (que no he leído, por cierto), siento como si a este tipo le gustara ahogarse en un enorme vaso de agua, dándose vueltas una y otra vez en lo mismo. Me parece que centra sus argumentos en la imposibilidad de que la vida en la Tierra surgiese de manos de un Creador, pero no aborda nunca asuntos más cosmológicos/físicos (aunque, de acuerdo, un etólogo probablemente no tenga muchas nociones de cosmología) que en mi opinión son mucho más amplios y utilizables para lograr el objetivo que se propone.
O incluso, más fácil. Anoche tuve ganas de darle una repasada a mi película de ciencia ficción favorita, 2001: Odisea del Espacio, pero no tenía intenciones de verla entera, sino sólo la primera parte, titulada “El Amanecer del Hombre“, que creo no dura más de 15 minutos. Es una secuencia tan maravillosa que no sólo podría considerarla de las mejores en la historia del cine, sino que también hace dar unas enormes ganas de estar allí, en ese paisaje virgen, observando lo que esos monos hacían para sobrevivir. Obviando la parte del Monolito (que cobraría relevancia al final de esa parte), el momento en que esos antepasados del hombre descubrieron las herramientas debió ser bellísimo. Para ellos sólo fue una curiosidad, claro, pero para un espectador externo, es presenciar uno de los más grandes hitos de la Humanidad.
Lo que la gente moderna desconoce, no se plantea o no concibe en su imaginación, es que desde el momento en que uno de esos monos descubrió la herramienta pasó un laaaaargo tiempo hasta que viniera un homínido más moderno y la conviertiera en la punta de una lanza; luego otro más largo para que se convirtiera en una rueda, y uno mucho más largo hasta convertirse en una pieza del Transbordador Espacial. Sin contar el larguísimo tiempo que tuvo que haber pasado desde que las primeras formas de vida unicelulares derivaron a esos primitivos salvajes que, al mirar un hueso, no veían más que un hueso.
Las personas modernas están demasiado acostumbradas a la rapidez. ”Globalización“, “el agitado mundo de los negocios“, “Internet“, “comunicación instantánea“, son sólo algunos conceptos que nos dicen que todo se puede hacer al alcance de un click. Pasamos de los bytes a los kilobytes y luego a los megabytes. Hoy tener un disco duro de menos de 100 Gb es “digno de la abuela”. Pero entonces uno pierde la idea de que antes no era así, y que la línea de tiempo desde las formas de vida unicelulares hasta el hombre moderno fue larguísima, pero progresivamente tomaba menos tiempo para llegar al siguiente avance, como si fuera expresado en una curva asintótica.
Si a eso le sumamos que el ser humano promedio vive hasta los ~75 años, se hace más difícil aún concebir las largas escalas de tiempo. Ni hablar de la escala que le corresponde al surgimiento de la Tierra (4.600 millones de años), el Sol (~5.000 millones de años) o el Universo entero (~13.700 millones de años). Entonces, ¿qué resulta? ¡Pues obvio!: resulta la “teoría” de que el hombre no pudo haberse tardado tanto tiempo en llegar a lo que es, que no pudo haber evolucionado de una especie inferior, y que “alguien” tuvo que haber “metido la mano” para situar al hombre en la Tierra, con todas sus funciones intelectuales ”nuevas de paquete”. Resulta Dios.
Y si a eso le sumamos que el hombre no tardó en darse cuenta que era la especie más avanzada en comparación al resto, ahí resultó el “modelamiento” de Dios: “a imagen y semejanza”, “todo-poderoso”, “todo-inteligente”; “hizo la luz, vio que era buena… etc”. Un modelamiento digno de un “súper-humano”. De hecho, es digno de Superman. Pero, ¿qué pasa con los lagartos, las jirafas, los rinocerontes y los pejerreyes? ¿No tienen derecho a tener un Dios? Los pejerreyes no pudieron ponerse de acuerdo en que existió un Dios Pejerrey, un súper-pez que creó todo el Universo marino? Yo… tal vez, mínimamente tal vez, hubiera sido contagiado por esa creencia extendida en Dios, si efectivamente el ser humano, además de ser la especie más avanzada, fuese la única sobre la Tierra. Pero no es así. De hecho, no me llama la atención que exista vida sobre la Tierra, sino que exista tanta vida! Desde el más mísero mosquito que nos molesta en verano, hasta esa planta que a todos alguna vez nos pidieron en el colegio “crear” a partir de un poroto/frijol. Hay vida por todos lados y cada una de ellas podría asumir la existencia de su propio Dios. ¿Por qué el nuestro ha de ser el correcto? ¿Porque somos la especie más avanzada? Siguiendo ese precepto, si viniera una raza de aliens más avanzados que nosotros deberíamos abandonar a nuestro Dios y seguir al de ellos, pues después de todo, Dios se encargó de separar a la especie “dominante” de las “bestias”.
Ahora, lógicamente, Dios debe ser un argumento que permanezca en el tiempo. Pero no iba a poder lograrlo si sólo se limitase a crear el Universo, crear la Tierra y crear la vida en ella. Nadie piensa en el Big Bang todos los días, o en las reacciones químicas que formaron las primeras formas de vida. Para que la gente tenga en su mente a Dios continuamente, se necesita que éste además sea el que guíe nuestros actos (representando el Bien) y nos mantenga alejados del mal, so pena de ir al Infierno (representando el Mal). Como un superhéroe. Es la mejor estrategia que se le haya ocurrido a los que están detrás de las religiones. El ser humano busca felicidad+esperanza+sentido de vida , a la vez que intenta evitar tristeza+desesperanza+no sentido de vida. “Llámemos Dios a lo primero y Demonio a lo segundo, y asunto arreglado!”, debió pensar alguien.
Desde ese punto de vista las religiones serían útiles, porque permiten mantener controlada a la gente de no hacer todo lo que les dicte su instinto animal, y permiten darle esperanza cuando todo parece ir mal. No es lo mismo sentir que un gobierno (”humano”, “natural”) te juzgue por cometer un crimen, a que sea un Dios (”sobrehumano”, “sobrenatural”) quien lo haga. El problema, claro está, es querer traspasar esa misma felicidad+esperanza+sentido de vida a quienes no creen, asociando automáticamente la no creencia a una predestinación a la tristeza+desesperanza+no sentido de vida. Ahí comienza la mala praxis.
¿La religión ha funcionado para mantener a raya a la gente de su instinto animal? Pues no. Siguen habiendo homicidios, engaños, mentiras y crueldades. Yo tengo la idea de que, con la capacidad intelectual de las personas, basta y sobra para descubrir lo efectiva que es la ciencia en nuestras vidas. Cuando alguien pierde sus llaves dentro de su casa, tarde o temprano llegará a la conclusión que la mejor manera de encontrarlo es mediante hipótesis y verificaciones tan científicas como simples (ej. descartando de la búsqueda lugares de la casa donde no estuve antes de perder las llaves). A pesar que tanto la ciencia como el método científico son “inventos humanos”, es lo mejor que disponemos para acercarnos a la realidad, y no necesita de Dios alguno para validarse. Del mismo modo, “Bien” y “Mal” también son inventos humanos, así que no debería ser tan difícil poner en práctica el Bien gracias a que contamos con un cerebro suficientemente desarrollado para darnos cuentas de las consecuencias de nuestros actos. El que algunos no lo usen, es otra cosa.
Recapitulando, creo que es un poquito frustrante que el ser humano se tenga tan poca fe en sí mismo y en la naturaleza. Tal como algunos atribuyen que las pirámides de Egipto o las mayas son extraterrestres, porque no conciben que estas culturas tuvieran la capacidad de construirlas, también prefieren renegar de su propia historia de ensayos y errores que vivió hace miles de años, cuando aún no descubría las herramientas y era sólo una especie más del montón. La historia de la vida del ser humano es tan fantástica como la historia de la vida en sí, que si existe en tanta abundancia repartida por el planeta, sólo nos puede indicar que se trata de un fenómeno siempre latente en el Universo, a la espera de encontrarse un planeta con las condiciones adecuadas. Quizá en cuántos planetas, en este preciso instante, una forma de vida está comenzando a madurar.