Catatónico

Me encuentro en un estado que podría llamar catatónico. Sólo basta googlear esa palabra para ver su definición:
Que se ha quedado paralizada mentalmente, sin capacidad de respuesta, a causa de una fuerte impresión o un gran cansancio psíquico.

Me ha sucedido algo muy difícil de asimilar, que en realidad no puedo asimilar aún y no se cuándo lo pueda hacer, si es que. He perdido la felicidad que tenía desde hace unos meses y las cosas y personas que me rodean poco pueden hacer para solucionar esa sensación. Siempre he pensado que viajar me pacifica -de alguna manera-, así que a sólo 48 horas de haber perdido la felicidad, ya estaba a bordo de un avión rumbo a Estados Unidos, a fin de desaparecer por varios días. No es algo que acostumbre a hacer, claro está, y pude haber elegido cualquier destino más cercano, como Argentina (hacia donde luego viajé después de EE.UU., en efecto), Uruguay o Brasil, pero definitivamente no quería estar en Chile. Quise irme a un lugar brutalmente lejos, porque el golpe que tuve también fue brutal.

Me dediqué a hacer todo aquello que mucha gente sueña en fantasías de vacaciones de placer, aunque siempre estuve consciente que aquello no fue un viaje/vacaciones de placer, sino de escape. Arribé a la idílica Florida, arrendé un auto y me recorrí todo cuanto pude de Miami, Miami Beach, Key Biscayne, Fort Lauderdale, Key West, Palm Beach y Orlando. Fui al Kennedy Space Center después de 15 años, vi con mis ojos el transbordador espacial Atlantis y un montón de otras cosas que se suponía no debería estar viendo/haciendo durante esos días. Supongo que en cierto punto todos tenemos alguna adicción, un vicio, un mecanismo de escape cuanto todo se derrumba, a veces más sencillo y a veces más complejo. Mis mecanismos son complejos -y al mismo tiempo terminan siendo costosos-, pero realmente no me importó. Ahorraré y recuperaré lo gastado. Lo importante era escapar, aunque no es lo mismo a solucionar. También dediqué esos días a pensar en mi desastrosa vida y mis desastrosos acontecimientos. Me dediqué a observar a los estadounidenses. Yo soy un admirador de su cultura y hay cualidades que realmente les admiro, como su autoconfianza, seguridad, disciplina, convencimiento en las capacidades propias. Tú ves un skyline como el de Miami y sabes que todo esto fue producto de un tremendo trabajo, pero también de un convencimiento de fondo de que todo esto era posible. Sin rendirse.

Miami_Skyline

A mí no me gusta rendirme, pero hay cosas que me debilitan. Me debilita que un argumento 100% racional no sea correspondido de la misma manera y siento que en su momento no tuve más remedio que escapar, porque tuve que ver, con impotencia, que situaciones que pudieron solucionarse mediante argumentos y diálogo racional, terminaron complejizándose por contrarrespuestas viscerales. A veces creo que pienso demasiado y debería tomar decisiones más espontáneas, y no lo he hecho porque constantemente evalúo mi entorno, y seguramente pienso que si decido algo sin pensar, la decisión podría estar equivocada. Pero he visto casos cotidianos en que al parecer no queda más remedio que sólo actuar desde la emoción y el instinto. Y al parecer eso termina percibiéndose como seguridad en sí mismo.

El tema es que, regresé de EE.UU. y saqué conclusiones diversas sobre muchos temas, disfruté (dentro de lo que contempla el término) y en definitiva logré escapar a un derrumbe emocional mayor, pero eso no era una solución definitiva, claro está. Consciente de ello, a 72 horas de regresar, ahora estaba rumbo a Argentina. Mi estación de paso fue Mendoza, ciudad que ya conocía (como muchas otras), salvo por circuitos turísticos que tomaría por primera vez. Esta segunda aventura fue un poco más corta y creo que mis esfuerzos mentales se dirigieron más bien a sobrevivir, ya que fui con menos presupuesto y casi nula planificación respecto a lo usual. Regresé hace 96 horas, muy cansado de la travesía, con mis ciclos circadianos alterados y apetito totalmente desfasado; tal vez evidencias de que el acto de escapar no es por sí mismo una solución a lo que me aqueja, sólo lo ha aislado.

Hoy estoy acostado, escribiendo, intentando hilar palabras. Pero hace sólo unas horas no podía. Tal vez requiero antidepresivos, como me recomendó alguien muy cercana. De seguro necesito distraerme, mediante el trabajo, la fotografía, la lectura, lo que sea. Pero sigo creyendo que todo eso no es garantía de que olvide lo que me hacía feliz. Sin embargo, he estado pensando que todo lo que viví en EE.UU., y luego en Argentina (de cuya cultura también soy admirador) son un buen motivador para tomar decisiones sobre mí que no habría tomado en el pasado, pero prefiero no explicitarlas aquí. Seguramente las anunciaré en un futuro post.

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