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¿Cómo se quita una mala costumbre?

Hay varias situaciones en que la gente me critica, llegando a la conclusión general de que soy muy “cerrado”. Son temas tan disímiles que van desde mi rotunda negación a darle dinero a esos tipos que “cuidan autos” en el centro, mi desagrado por “donar 

Dudas que siempre tuve y nunca me atreví a preguntar

1) ¿Por qué los títulos de libros que van escritos en la parte lateral, algunos están dispuestos de modo que uno tenga que “girar la cabeza a la izquierda” y otros “girar la cabeza a la derecha” cuando están todos dispuestos en una repisa, en 

Tierra de sueños

Dormir debe ser uno de los actos biológicos más relajantes, pero también de más misterio, debido a las interpretaciones de charlatanes que intentan darle un “significado”, por lo general futurista (¿oniromancia?). Personalmente creo que lo sueños sólo son asociaciones semi caóticas de sustancias químicas cerebrales, que nos muestran situaciones a nuestro juicio relevantes durante ese día, o en días pasados. Supongo que nuestras situaciones más desagradables o miedos que nos persiguen producen las pesadillas, y los eventos agradables los sueños bonitos. Pero, a diferencia de mi gato, que me apena la frecuencia con que tiene pesadillas (o eso me parece, por la forma en que se mueve cuando sueña >_<), desde hace tiempo he tratado de sacarle provecho a mis sueños. Desde una ocasión en que descubrí que podía manipularlos a mi conveniencia, porque lograba estar consciente que soñaba (imagino que a más personas les ha pasado).

Doy un ejemplo… una vez soñé con una chica bonita, la cual me hablaba de cosas triviales en un lugar que parecía ser la costanera de mi ciudad. En el sueño ella en un momento se iba y yo también, pero en ese momento siento en mis manos algo suave y noto que mi visión se hace borrosa: sentía la almohada y mis ojos se estaban abriendo. Sabía que estaba despertando de un sueño, pero el sueño seguía transcurriendo y me hice consciente de lo que ocurría. En el sueño yo me iba y la chica también, pero cuando estuve consciente manipulé el resto de la acción. Me “hice volver” donde la chica como quien manipula una pieza de ajedrez, “me llevé” hasta la chica… y la besé. Pero no pasó nada más, porque a los 5 minutos me despertó el timbre, jua!

Pero la utilidad de manipular mis sueños no fue sólo besar a quien se me antojara (sabiendo de antemano que daba lo mismo si recibía una bofetada, porque sólo era un sueño :)), sino también tener un espacio de reflexión distinto. Al soñar estoy consciente que nadie me molesta, nadie me ve y nada me perturba, como sí pasaría estando en vigilia, donde por mucho que intente hacerme un espacio ideal de reflexión, nunca logro sacarme de la cabeza las sensaciones comunes de “despierto”: tengo frío, tengo calor, tengo hambre, tengo sed, me duele la cabeza, me siento solo, me siento observado, etc.. En un sueño no siento ninguna de esas cosas. Por el contrario, allí se da una configuración extraña donde siento que ya no dependo de mi cuerpo (no siento frío, ni calor, ni sed, etc), lo cual me permite reflexionar de una manera imposible a si lo hiciera en vigilia. Es como vivir otra realidad… o transformarse en otra especie momentáneamente: una capaz de prescindir de las limitaciones del cuerpo y quedarse sólo con la esencia interna.

Tengo la idea que eso puede resultar útil, en algún momento. Si uno realmente se despoja de las sensaciones corporales en un “sueño consciente”, entonces cabría esperar que ese recóndito espacio de nuestra cabeza nos permita tener las ideas más geniales concebibles. Tal vez así se le ocurrió a Newton la Ley de Gravedad (luego que una manzana lo “despertara de su sueño” :); tal vez la explicación del clon del profesor Hubert Farnsworth sobre cómo se le ocurrió el sistema de propulsión de la nave Planet Express (serie Futurama, episodio “Un clon propio“) no sea del todo caricaturesca: 🙂

Nothing is impossible. I understand how the engines work now. It came to me in a dream. The engines don’t move the ship at all. The ship stays where it is and the engines move the universe around it.

***Nada es imposible. Ahora entiendo cómo funcionan los motores. Vino a mí en un sueño. Los motores no mueven a la nave. La nave se queda donde está y los motores mueven el Universo a su alrededor.***

De momento, lo paso bastante bien manipulando a mi antojo mis sueños, especialmente cuando también soy consciente que puedo dormir hasta tarde… como hoy, que casualmente no tendré clases en todo el día 🙂

Paradoja de la decisión idiota

Desde pequeño tengo la costumbre que, cuando realizo viajes largos en bus (más de 6 hrs) o a sitios donde no me será posible encontrar provisiones, previamente compro alrededor de 3 latas de bebida (Pepsi, Canada Dry o Coca Cola), y unos 2 paquetes de 

El cerdito todopoderoso

Ya se que a una cantidad muy reducida de gente le interesará esto, pero bueno :). A mediados de mayo LAN retirará de servicio a todos sus antiguos aviones Boeing 737-200 (rutas de pasajeros y carga), para dar paso a los modernos Airbus A319 y 

Después de 17 años, volví a bajarme de aquel Ferrari

Los recuerdos que tengo de mi papá son más bien superficiales que profundos, pero eso no quita que hayan sido buenos recuerdos. El falleció cuando yo tenía 10 años, entonces tal vez no alcancé a recibir suficientes “enseñanzas de vida” de su parte, sólo algunas específicas y concretas (ej. “no te dejes llevar por la presión del resto, sigue tus propios principios“), así como otras más generales y tácitas (ej. nunca comprarme juguetes bélicos). Los recuerdos superficiales también se deben a que mis padres estaban separados, entonces el vivía en un departamento. Venía a verme de vez en cuando en la semana, y todos los fines de semana.

Recuerdo nuestras partidas de ajedrez; la técnica que me enseñó para levantar la pelota del piso (hacer un “sombrero”); las salidas a comer pizza prosciuto (cuando una pizza mediana costaba apenas $700 [unos 2 dólares]); las clases “ilegales” de manejo a las afueras de la ciudad (bueno… él se encargaba de los pedales y las marchas, yo sólo llevaba el volante y avanzando a 10 km/h); los viajes a la costanera, donde jugábamos taca-taca (futbolito, metegol) y me compraba fichas de videojuegos. Pero uno de esos videjuegos siempre me llamó más la atención: era de carreras de autos, pero para jugarlo uno se sentaba en un “asiento de auto”, con “pedales de auto” y con una pequeña “palanca de cambios de auto”. Era como estar en un auto.

OutRun versión SEGA SaturnEl juego se llama OutRun, y creo que lo que más me gustó de él no era ese ambiente “realista” para jugarlo. Lo que me gustaba es que, aunque el auto que uno conducía era un lindo Ferrari Testarossa, el resto de vehículos no eran autos todopoderosos o super modernos para la época (estoy hablando de ~1991): los competidores eran autos comunes y corrientes: pequeños, grandes, ostentosos, antiguos, hasta un escarajo! Y hasta habían camiones! Y lo mejor era que los otros vehículos ni siquiera parecían interesados en ganarte, de hecho ni siquiera parecían competidores. Con lo único que debías luchar era llegar a una “meta” antes que se te acabara el tiempo, tras lo cual pasabas a otra etapa con extensión de tiempo. Y los paisajes de cada etapa no eran salvajes circuitos de Fórmula 1 o el centro de una gran metrópoli: eran paisajes simples pero sumamente cautivadores: una avenida junto al mar, un pueblo de casitas pequeñas, un bosque, un desierto, un túnel. Era un juego apasionante, pero sin presión. Era desafiante, pero sin frustración. Y lo mejor de todo es que lo ganaba, una y otra vez.

No tenía idea que el hecho de superar las 5 etapas del juego y llegar a la meta final (donde te daban un trofeo) fuera algo poco logrado. Habían adolescentes que se quedaban mirando mi juego. A mi papá le daba gracia que se quedaran hasta el final, aunque el jugador tuviera menos de 10 años. La verdad es que no me importaba. Yo estaba enamorado de ese juego, y como vine a saber mucho después, cuando tuve Internet, ese amor era compartido por mucha gente en el mundo. OutRun es uno de los juegos más exitosos de SEGA, habiéndose publicado varias versiones desde el original de 1986 (para consola y arcade). Tras investigar un poco vine a saber que la versión que jugaba de niño fue diseñada para la SEGA Saturn, la más avanzada desarrollada por la empresa.

2008 no es lo que era 1991. Hoy no acostumbro ir a los videojuegos, no sólo porque esa actividad ahora se pueda hacer en un computador, sino porque esos lugares son sensiblemente más peligrosos que antes, al menos en mi ciudad. Desconozco si OutRun sigue estando en uno de esos lugares, pero es muy posible que lo hayan reemplazado por juegos más modernos. Así que me puse a buscar en Internet, y descubrí comunidades que han rescatado el juego con mucha dedicación (como www.OutRun.org) y que actualmente hay una versión muy moderna, la OutRun 2006: Coast 2 Coast. No encontré una ROM del juego en versión SEGA Saturn, pero sí de la versión anterior, SEGA Génesis (de la que no difiere tanto), así que con un emulador de dicha consola y mucha emoción, me dispuse a jugar nuevamente OutRun después de 17 años.

Y luego de 3 intentos sin éxito a la par que adaptandome a mis nuevos “controles” (las teclas A, S, D, barra espaciadora y flechas de dirección), volví a lograrlo, en medio de la atrapante melodía “Magical Sound Shower” (oh sí, mención aparte merecen los escasos pero adictivos 3 temas que puedes elegir escuchar durante tu carrera). Después de 17 años, volví a bajarme de aquel Ferrari. La chica de visera se acerca con el trofeo. La chica rubia que me acompañó en todo el viaje pone cara de celosa.

007 razones para poner a prueba tu espíritu crítico

La semana pasada terminé de leer el libro “Conviértase en Brujo, Conviértase en Sabio“, de Georges Charpak (Premio Nobel de Física) y Henri Broch. Es un buen tratado para desmitificar pseudociencias, y aunque al libro le encontré áreas que pudieron aprovecharse mejor, hay varias frases 

Aquello que me despierta pasiones

Diablos, si he de tener un punto débil, y por punto débil me refiero a algo que me haga resaltar emociones ocultas, costumbres inusuales o cosas que no me imaginaría haciendo, ese es los X-Files. Cuando me enteré que se estaba filmando la 2° película 

Malabarismo de probabilidades


Ayer fui al centro comercial de la ciudad, alrededor de las 19:00 h. A unos 30 metros hay un semáforo de 3 tiempos y más adelante otro, con una línea de ferrocarril entre ambos. No es un acceso complicado, pero requiere cierta precisión y rapidez para maniobrar y entrar al estacionamiento subterráneo del shopping. Y como otra de muchas veces, aparece un malabarista que aprovecha esos segundos de detención para hacer su show. He visto eso muchas veces, allí y en muchos otros cruces de semáforos en Antofagasta, sólo que esta vez tuve ocasión de fotografiarlo.

No se me ha ocurrido consultar a otras personas qué opinan de estos espectáculos, pero tengo entendido que se hace en varios países, como Uruguay, Argentina, Colombia o Ecuador, por nombrar algunos. Antes sólo los había presenciado como peatón, y ahora como conductor, y lamentablemente debo decir que en ambos casos me parece una práctica riesgosa y poco prudente. Entiendo perfectamente que estas personas quieran hacer un “trabajo digno” para ganar dinero, en vez de robar o estafar, y además con un hándicap artístico. Personalmente me gustan mucho las muestras artísticas y especialmente el malabarismo, por toda la sincronía y concentración que requiere.

Sin embargo, el contexto donde se ubican estos nuevos artistas, lejos de ser penado por una ley que sanciona fuertemente las infracciones de tránsito, se estila libremente sin considerar que se está poniendo en riesgo tanto a peatones como conductores, lo cual varía en peligrosidad según los “implementos” del artista. Para ello quiero citar las dos experiencias que uno puede tener ante estos shows, como peatón y como conductor:

Peatón:
?Escenario. Me encuentro a 2 cuadras de mi casa, y debo cruzar una avenida con semáforo de 3 tiempos. En el cruce por donde debo pasar, un individuo está haciendo malabares con unos pinos (palitroques); al mismo tiempo que yo, unos 5 adultos y 10 escolares (algo apurados) también se disponen a cruzar, tanto en igual como opuesto sentido.

?Hipótesis 1. Logro cruzar sin problemas, entre empujones y escolares corriendo por un cruce relativamente ancho, donde al costado izquierdo está el artista lanzando pinos de madera al aire, y al costado derecho los autos están virando “con luz roja y flecha verde”. En pocos segundos estoy al otro lado de la avenida.

?Hipótesis 2. Voy en la mitad del cruce, y el artista falla su malabar, haciendo que un pino sin control impacte en mi cabeza. Tal vez caiga al suelo aturdido, y en el tiempo que me intentan reanimar, el semáforo ya dio verde y los autos empiezan a tocan sus bocinas como locos. Y se forma un “taco” de duración más o menos variable.

?Hecho concreto. Independiente de si cruzo la avenida sin problemas o con un impacto en la cabeza, el temor previo ante esa eventualidad es suficiente para hacerte algo desagradable una acción que otrora era estadísticamente 99% segura -cruzar con semáforo en luz verde- (atribuyo un 1% de riesgo a casos excepcionales, como un conductor borracho, estúpido o sin frenos que inevitablemente te atropelle).

Conductor:
?Escenario. Me encuentro en el 1° semáforo de 3 tiempos antes de cruzar hacia el estacionamiento subterráneo del shopping. Delante mío aparece un artista con 3 antorchas, que rápidamente enciende para iniciar un temerario malabar con fuego. La calle es de 3 pistas, a un costado tengo una camioneta y al otro un autobús.

?Hipótesis 1. El artista finaliza su acto sin problemas, con las antorchas en todo momento en su control; el semáforo da en verde y tanto yo como la camioneta y el autobús reanudan su marcha. Yo prosigo al estacionamiento, la camioneta vira a la izquierda y el autobús a la derecha. El tránsito es fluido.

?Hipótesis 2. En pleno acto con fuego el artista falla su espectáculo; una antorcha encendida escapa de su control, cae al suelo y rueda rápidamente debajo de mi auto. El artista intenta recuperarla sin éxito. El fuego alcanza un conducto por donde fluye gasolina, y hace explotar el auto conmigo dentro. Independiente cuántos mueran o salgan heridos, el tremendo accidente provoca un caos en una de las avenidas más transitadas de la ciudad.

?Hecho concreto. Independiente de si los autos lograron cruzar sin problemas o alguno explotó por una antorcha errante, el temor previo ante esa eventualidad (bastante fuerte por cierto) es suficiente para hacerte algo desagradable una acción que otrora era estadísticamente 99% segura -esperar detenido en una luz roja- (atribuyo un 1% de riesgo a casos excepcionales, como un conductor borracho, estúpido o sin frenos que inevitablemente te choque).

Esa es mi visión general. Por cierto hay muchos sub-escenarios: que al peatón le caiga una antorcha en la cabeza, que un pino caiga en el parabrisas del auto, que ocurra un accidente X ligado a un fallo en el acto, o incluso que el acto sea con acrobacias tipo cheerleaders, donde el riesgo también va a los mismos artistas (no creo que sea muy divertido para una porrista perder el equilibrio y caer de bruces contra el asfalto).

Una reflexión complementaria a este tema, es sobre las sanciones. Estoy consciente que la ley impone muchas sanciones y responsabilidad a los conductores, lo que no encuentro mal, porque realmente impacta la temeridad con que maneja mucha gente. El único semi-accidente que he tenido fue por una irresponsabilidad mía (en un cambio de pista), pero eso no quita que siempre quiera ser extremadamente precavido al manejar, a pesar que me toquen la bocina por no andar apurado como el resto. Por eso me siento impotente cuando veo cosas como esos malabares (especialmente con fuego) que gratuitamente ponen en riesgo (el artista siempre tiene la probabilidad de fallar) la integridad mía y de mi auto. Y aunque los peatones no lo visualicen en su totalidad, también están impotentes ante lo que pueda pasarles si un acto temerario falla a 30 centímetros de ellos.

Para finalizar, reitero que estos espectáculos sí me agradan, siempre que sea en condiciones seguras. Cuando viajé a La Serena me quedé largo rato viendo malabaristas que actuaban de noche en la plaza central, cuyo espacio estaba delimitado por un círculo para los observadores, por supuesto a una distancia mucho más segura del artista y su acto falible. Creo que en ese sombrero en el suelo llegó mucho más dinero que las fugaces monedas de conductores que sólo deberían estar concentrados en la conducción.

¿Catapulta? no, gracias

A pesar que no me gustan los juegos de estrategia, hace un tiempo me llamó la atención Civilization IV, un juego donde construyes tu propio “país” y compites con los demás por ser quien mejor progrese luego de un cierto tiempo. El juego parte en